Opinión

Filosofía del hombre burro

Voces y ecos

RAFAEL PERALTA ROMERO
rafaelperaltar@gmail.com

Especial para Quisqueyaseralibre

No había visto ni imaginado una visión tan humana acerca
del burro, animal útil pero menospreciado. Lo más fácil para
muchos es afirmar que el burro es mañoso, díscolo,
irreverente. Julio César Castaños Guzmán, abogado
sobresaliente y escritor de afinado estilo, marca la
diferencia en su concepción respecto de este cuadrúpedo.
El doctor Castaños ha demostrado la capacidad muy
singular de apreciar en los asnos aptitudes y también
actitudes que los demás humanos no vemos. Con
anécdotas, recuerdos de su infancia mocana y reflexiones
sobre el rol del burro en la cultura universal, ha elaborado
una teoría que publica con el título “Filosofía del Hombre
Burro”.
Para gente simple, “hombre burro” debe ser aquel que se
muestra escaso de entendimiento. Para Castaños es algo
muy diferente: “Hombre recio, fuerte, capaz de llevar una
carga muy superior al perfil de sus fuerzas”. Su
apreciación es que andamos cargados y agobiados “Y
llevamos las árganas repletas, acomodadas en el aparejo
de la propia vida”.
No hay sustantivo en el español, sinónimo de burro, que en
este libro no aparezca. Igualmente, recoge los roles
jugados por los jumentos, citados en la Biblia o la literatura
universal. Así como se resaltan los excelentes servicios

prestados a Sancho Panza por su célebre rucio, según
narra Cervantes, también puede referirse a jumentos
conocidos en Moca, tierra de su padre, donde el escritor
vivió la mocedad.
Veamos el párrafo siguiente, a propósito del funeral de
César Guzmán, dentista generoso: “La imagen de este
entierro servido por burros, me hace pensar en el hombre
que estamos despidiendo: trabajador, silente, sin quejas.
Pero mientras los obreros mezclan apresurados, el saleo
me está mirando con esos ojazos: dos escarabajos negros
que me lo dicen todo”.
El libro se inscribe en el género ensayo, pues se compone
de reflexiones, muy propias del autor, cultivadas a partir de
vivencias y experiencias directas de la realidad social. Todo
expresado con donaire y un alto nivel de lengua, aunque
se refiera al instante en el que un burro se dispone a
marcharle a la hembra. Veamos esta belleza:
“Cuando el burro despereza el falo, estirándolo hasta el
final, termina golpeándose el pecho, y algunos con sorna
suelen comentar que al momento de iniciar su apresto
brutal, se arrepiente el borrico de lo que está pensando,
pero más puede el deseo que la gráfica muestra de alguna
compunción que es finalmente arrollada por el reclamo viril
de su propia naturaleza”. (p. 72).
Este libro entraña una defensa del burro, un sujeto a veces
despreciado y tenido a menos, aunque resistente para
transportar cargas y personas por caminos difíciles. No es
que el autor quiera desconocer las malicias asnales. Más
bien pide a los lectores no preocuparse, porque “los burros
malucos seguirán teniendo quien los defienda y quien se
sirva de ellos”. (p.75).

Las citas en este artículo corresponden a la primera
edición, realizada en 2002 por Editora Corripio. La obra fue
relanzada en marzo de 2024, con prólogo póstumo de
Manuel Mora Serrano. La publicación varía muy poco de
una edición a otra. Sigue siendo el libro ameno, repleto de
sabiduría y de exaltación a lo nuestro, a la dominicanidad
En las reflexiones motivadas por recuerdos de infancia,
asume el autor con mayor disposición un estilo literario que
no obstante la llaneza, resulta elegante y muy propio de un
prosista refinado. Ejemplos suficientes los encontramos en
el apartado “Los burros de mi esperanza”. Quienes
hurguen en este libro descubrirán a un escritor más
conocido como jurista, también conocerán mejor la
sociedad dominicana.