Vidas y muertes cruzadas
Ángel Alda
Encontré por mi viejo barrio de Torrijos esta placa dedicada a la memoria de Miguel Hernández. Seguro que no era la primera vez que la veía pero en esta ocasión la inscripción me ha conmocionado.

Lo copio aquí mismo para facilitar el comentario:
“LA SOCIEDAD GENERAL DE AUTORES DE ESPAÑA
al poeta MIGUEL HERNÁNDEZ,
que compuso, en este lugar, las famosas
NANAS DE LA CEBOLLA, en septiembre de 1939.
La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Se inauguró esta placa el 15 de octubre de 1985, con motivo del homenaje nacional a Antonio Machado, Federico García Lorca y Miguel Hernández”
“En este lugar….”. reza el texto cincelado sobre la piedra. ¿Saben ustedes de qué lugar se trata?. Empecemos. Calle del Conde de Peñalver, esquina a Juan Bravo, en el barrio de Salamanca de Madrid. No les dice nada esto ¿verdad? Normal. No tienen por qué saberlo. La placa está situada exactamente en la que fue Cárcel de Torrijos durante la Guerra Civil Española y los primeros años del franquismo. Allí estuvo detenido junto con otros miles de presos republicanos Miguel Hernández, después de ser entregado por las autoridades salazaristas portuguesas al ser detenido en el país hermano. Luego les cuento el largo viaje de huida del poeta. Y allí, tal como recuerda la placa, el poeta de Orihuela compuso las Nanas de la Cebolla.
“... En este lugar…”
Que forma de ocultar un hecho tremendo dentro de la biografía del homenajeado por la Sociedad de Autores. Como si fuese un café, una biblioteca o un lugar cualquiera donde el poeta tuviese a bien ponerse a escribir. Qué eufemismo, no se muy bien cómo calificar técnicamente esta figura retórica de ocultamiento biográfico. En aquel lejano 1985 gobernaba en España Felipe González y en Madrid el alcalde Tierno Galván siendo presidente de la comunidad autónoma Joaquín Leguina. Los tres del PSOE. A su vez en la Sociedad General de Autores era presidente el dramaturgo Alonso Millán y el secretario general el cantante canario Teddy Bautista, el primero de adscripción política centrista y el segundo izquierdista. Aquella junta directiva tuvo sus más y sus menos con la justicia, seguro que alguno lo recuerda.
La placa se coloca en 1985, solo diez años después de la muerte de Franco. Pero parece operar una regla política muy determinada: no revivamos ni hurguemos en la herida de la guerra. El mantra de la reconciliación y el olvido. Cuanto daño ha hecho esta política a la verdadera reconciliación, al verdadero perdón mutuo. Sobre cuántas memorias ocultadas hemos construido y glosado nuestra historia. Solo hoy sabemos que la memoria exige reconocimiento del daño pero al tiempo perspectiva crítica. Una memoria sin reconocimiento es pura ceremonia en el vacío. Y sin acompañamiento de la debida investigación crítica del pasado es un ejercicio de homenaje vacío y despersonalizado. Puede que los precarios equilibrios políticos de la Transición no permitieran mejor juego. No es el sitio ni el momento de tratar tal asunto. Sobre el particular hemos tenido ya y seguiremos teniendo mucha polémica.
La historia la va escribiendo la vida. Cada generación, cada circunstancia del tiempo pone o quita renglones al proceso de construir el libro o la película de la historia.
Creo, además, que el cruce entre historia y literatura o ficción, permite al cabo de los años crear marcos de referencia que alteren significados y construcciones historiográficas asentadas. Es la ventaja del tiempo.
Sin embargo, en ocasiones pasa al revés. Hay pronunciamientos, actos y hechos que conspiran contra la verdad histórica de manera grosera o desvergonzada. La placa de Torrijos es uno de estos hechos. Una conspiración de silencio.

Coincide que acabo de ver La Bola Negra y eso ha influido en que vea las cosas bajo la perspectiva que les estoy contando.
La Bola Negra va camino de convertirse en el mayor éxito histórico, perdón por la redundancia, del cine español. Tienen ustedes en los medios todo tipo de comentarios sobre la película. Vaya por delante que me ha gustado. Incluso el exceso de imágenes procedentes de la estética gay del mundo publicitario, algunos planos parecen propios de marcas italianas de ropa masculina o perfumes eróticos, me han llamado la atención.
Es muy curioso que la historia le llegue al corazón a gente tan diversa. A jóvenes y a viejos. Ilustrados o iletrados. A pobres y a ricos. Supongo que la marca Javis tiene que ver con esa universalidad. También el nombre de García Lorca. Por lo que me dicen parece que el alcance del fenómeno va a terminar siendo internacional. Supongo que muchos conocen que García Lorca es desde hace mucho tiempo un icono entre los públicos intelectuales y artísticos del mundo entero. Ha sido motivo de inspiración de poetas, de músicos y de literatos. También bandera de movimientos políticos homosexuales o alternativos. Hablan algunos optimistas de la posibilidad de recibir premios de la importancia de los Óscar. No me extrañaría. Hasta el mismo Carlos Boyero, campeón del criticismo iconoclasta, ha defendido la cinta, perdón ahora por el pleonasmo.
Hasta la derecha hispana antiwoke se mantiene significativamente ausente, callada no, estas gentes no se callan ni debajo del agua, frente al fenómeno. Me imagino que en época electoral enfrentarse a las mayorías no es lo más apropiado.
En el guión de la película hay una mezcla increíble de subtextos, de historias cruzadas y laterales. En la placa que comento ya ven ustedes que se invoca a Hernández junto a Lorca y Machado. Seguro que ya no había sitio ni oportunidad para incluir referencias al martirio del alicantino. Puede que Hernández no sea precisamente el poeta más cercano a la sensibilidad gay que orienta la película. Muchos conocen la animadversión que Lorca sentía por Miguel Hernández. No tengo la menor intención de referirme a la misma. Pero siento que de alguna forma el mundo del arte actual, de la brillante generación intelectual y creadora de nuestros días le debe también su homenaje a Miguel Hernández y que ese homenaje puede que esté tardando en llegar. No es un lamento. Es una constatación.
Yo desde aquí quiero recuperar un texto que tuve ocasión de escribir en 2012 en el que se recuerda a Hernández con un motivo especial. Resulta que Hernández fue vecino de mi barrio de Chamberí justo en aquellos compases temporales del final de la guerra civil. Tuve ocasión de conocer un episodio muy llamativo de su terrible aventura de intento de huida para salvar la vida del poeta. De alguna manera esta pequeña historia que cuento hoy cruza un diálogo entre mi barrio de nacimiento y mi barrio de adopción.
Es por ello que me permito copiar aquel texto mío. Creo que el episodio que narra podría cautivar la imaginación de algún cineasta que quiera recuperar para nosotros la triste historia de otro de los grandes poetas de aquella brillante época de la cultura española.
Miguel Hernández en Chamberí

La historia que vamos a contar gira en torno a un episodio de la vida del poeta Miguel Hernández vinculado a la casa que en la calle Garcilaso número 10 tenía el escultor Víctor González Gil.
En estos tiempos en los que se anuncia el traslado del legado de Miguel Hernández, sus recuerdos y los pocos objetos que rodeaban su vida desde Elche al pueblo jienense de su esposa Josefina Manresa, relato un episodio poco conocido que relaciona al poeta con mi actual barrio de residencia en Chamberí, exactamente con una vivienda-taller situada nada menos que en la calle Garcilaso 10, a escasos metros de la plaza de Olavide.
Según cuenta la biografía publicada en la web de la Fundación Miguel Hernández: “En abril el general Franco declara concluida la guerra. Miguel intenta escaparse a Portugal, pero se lo impide la policía portuguesa y es entregado a la Guardia Civil fronteriza. Tras su paso por Huelva y Sevilla, en la prisión de Torrijos en Madrid, donde compone las famosas «Nanas de la cebolla». Puesto, inesperadamente, en libertad, es detenido de nuevo en Orihuela”.
¿A dónde va el poeta cuando le ponen en libertad? ¿Por qué le ponen en libertad? La historia nos la ha contado un amigo del poeta, el escultor Víctor González Gil, otro personaje por cierto de enorme interés y que estuvo muy vinculado al barrio pues tuvo su taller hasta los últimos días de su vida, larga vida (1912-1992), en la calle Fernández de la Hoz. Este es su relato al Diario Montañés el 23 de Julio de 1977:
“Unos días antes de entrar los nacionales en Madrid y como sabía la sana actuación de Miguel como poeta soldado de la cultura, me fui a buscarle al local donde tenían sus oficinas los intelectuales antifascistas. Yo tenía mucho miedo que a Miguel, como era un niño grande, le pasara algo, pues en estas guerras civiles, no reparten precisamente caramelos; disimulando el mío propio me decidí por echar una mano”. “Estaba con V.Valle. De ahí le llevé a casa de María Fernanda, la que después se casó con el pintor Eduardo Vicente y que vivía en la calle de la Alameda. Le dije que se quedara en mi casa, pero no aceptó. Sin documentación se marchó a Sevilla, para que le avalasen los poetas Luis Llorente y Murube, que no le ayudaron. Marchó a Portugal, donde me dijo más tarde le habían apalizado. Le vuelve la Guardia Civil a España, que se portaron correctamente con él”. Ingresa en la cárcel de Torrijos de Madrid. Me envía una nota para que le haga llegar a un poeta de Sevilla, que no recuerdo el nombre. Yo le llevé un colchón a la cárcel. Vuelve a salir de la cárcel, como siempre, sin ninguna documentación. Le pusieron en la calle por exceso de “clientela”. ”Se me volvió a presentar a mí porque sus amigos Vicente Aleixandre (por terror) y José María Cossío, no le pudieron ayudar en aquellos trágicos momentos. Recibe un aval del cura de Orihuela. Neruda, parece ser que hizo una gestión con el obispo de París, sin resultado”
El caso es que el escultor y amigo personal del poeta desde los tiempos en los que aquel creó en su Talavera de la Reina natal la revista Rumbos le ofrece refugio en su casa de la calle Garcilaso nº 10, a la espalda de la Plaza de Olavide. En ese edificio, actualmente desaparecido, tiene Víctor un estudio vivienda en el que se aloja provisionalmente el poeta de Orihuela.
Tal como cuenta Víctor González Moya, hijo del escultor González Gil “en realidad fue una imprenta, que había quedado obsoleta y en desuso, era un viejo edificio abandonado”. Nos sigue contando “creo recordar que Miguel, por las mañanas estaba en la casa-imprenta sin salir (subido o no a la higuera mencionada por Umbral en un texto célebre), debido a que enfrente y a pocos metros había una comisaría, cuyo jefe estaba en ella todas las mañanas. Pese a aconsejarle que no lo hiciera, quiso marchar a su pueblo para estar junto a su esposa e hijo, y, allí fue denunciado, detenido y encarcelado hasta su muerte por tuberculosis. ….. Era una época difícil y peligrosa, estaba recién acabada la guerra. Y mi padre había sido movilizado por el ejército republicano, lo que le convertía en “rojo”. Y era amigo, y estaban escondiendo a otro “rojo” de cierta relevancia, que por fortuna no habían identificado. Y existía desde el fanatismo ensalzado por la guerra ganada, el deseo de venganza, pasando incluso por apetencias económicas, hasta el deseo de matar. Como me dijeron mis padres, en una guerra la gente se vuelve loca. Pero a pesar del ambiente y riesgo, mis padres alojaron a Miguel, nadie más lo hizo, aún vivieran alejados de una comisaría. Otros también le ayudaron, pero no hasta ese punto.”.
Poco duró la vida en precaria libertad del poeta. Como es sabido, viaja, seguramente en un acto de desesperación final, a Orihuela donde es detenido definitivamente. Ya no recuperará su libertad. Condenado a muerte en 1940 se le conmutó la pena a 30 años. Pero las enfermedades y el maltrato le llevan a morir en la cárcel de Alicante en 1942. Tenía 31 años de edad y con él muere una de las mejores plumas que haya tenido la literatura española de todos los tiempos.
Aprovecho para poner unas pocas notas relativas a la vida de Miguel Hernández en el Madrid de la República. En el año 31 viene por primera vez a Madrid y se aloja en una pensión de la Costanilla de los Ángeles. No le gustó Madrid. Cuenta mi amiga Mercedes en un hermoso post que dedicó al poeta en su blog Arte en Madrid con motivo de la exposición “Miguel Hernández 1910-2010. La sombra vencida en la Biblioteca Nacional en 2010”: “…..el Madrid que encontró no era el que esperaba, “Madrid es cruel”, “no es como yo lo soñaba”, escribió a su querido amigo Ramón Sijé. Llegó a la capital con una pobre maleta, expuesta en la sala, que hoy resulta enternecedora, hacía frío, se le quedaban “las manos heladas”. Miguel Hernández tenía poco más de 20 años…”.
Vuelve en 1934 y, entonces sí, Madrid le recibe con los brazos abiertos. Participa en la vida cultural de nuestra ciudad y se convierte en un personaje querido. Es en aquellos años cuando la personalidad política de Hernández se moldea y sufre una transformación que le aleja de sus orígenes de joven cristiano para adherirse a las ideas comunistas. Ideas que le llevaran al compromiso militante más avanzado con ocasión de la guerra civil. A lo largo de esos años que parten del 34 Miguel Hernández vive como un nómada en diferentes pensiones de la ciudad. Está documentado que pasó por la calle Altamirano, por la de Vallehermoso y por Caños del Peral.
Para finalizar y por si acaso la calle Garcilaso en Madrid estuviese dedicada al gran poeta renacentista Garcilaso de la Vega, algo que no puedo confirmar y que seguramente alguno de mis lectores más ilustrados pueden aclarar, esta pequeña historia nos brindaría uno de esos bucles mágicos que nos ofrece la vida. Garcilaso de la Vega fue una de las grandes fuentes inspiradoras de la obra del poeta nacido en Orihuela. Y en la calle a él dedicada viviría sus últimos días en libertad.
La tragedia de Lorca me ha llevado a evocar la de Hernández. El cine tiene esa capacidad alusiva. Y con ello me gustaría haberles llevado a un paseo por Madrid.

Un paseo corto: Juan Bravo, Eduardo Dato, Luchana. En ese recorrido, poco más de dos kilómetros, tienen resumido unos pocos instantes de la vida de Miguel Hernández, tan dramáticos como toda nuestra historia.
Lo que da de sí el gran cine….
https://angeldeolavide.substack.com/p/bola-negra-bola-blanca-federico-garcia
