Opinión

Lección de francés por El Lince

Mañana hay convocada en Francia una serie de bloqueos y manifestaciones con las que calentar la convocatoria de huelga general que tendrá lugar el 5 de noviembre en contra de la política gubernamental de recortes y retrocesos en cuestiones sociales. En ella van a confluir estudiantes y obreros. Es lo que en Francia se conoce como «acto V», la quinta convocatoria de una serie de movilizaciones iniciadas por los estudiantes y que se están extendiendo por todo el país.

Por el momento la represión es incapaz de detener estas movilizaciones, así como tampoco han caído en la trampa de aceptar las «sugerencias» del gobierno de pararlas para «escuchar» las razones de la protesta. Demasiado poco, demasiado tarde y demasiada brutalidad para aceptar siquiera una mínima tregua que dé oxígeno a un sistema putrefacto. 

El movimiento francés está mostrando una madurez que ya quisieran otras manifestaciones de descontento, como en el caso del Estado español (España, para otras latitudes) por el tema de la vivienda. Aquí se apuesta todo a unas elecciones en las que sigan los mismos que ahora están, fiando en que -por una vez- cumplan sus promesas. En Francia ya no vale con las emociones, ya no vale con el desahogo de la ira, ya no vale con «hacer propaganda para el cambio de políticas», ya no valen las palmaditas en la espalda, ya no valen ni siquiera las amenazas. No. En Francia se va a por todas. En Francia no se habla de «crisis social», como sí se hace en el Estado español, sino de «crisis política». Eso es lo que diferencia un movimiento politizado y otro emotivo.

El desencadenante fue el anuncio gubernamental, como aquí ya se está diciendo, de «esfuerzo y sacrificio» porque «las cuentas no cuadran». Un «esfuerzo y sacrificio» que no saldría de meter mano a los ricos, sino de más destrucción del gasto público y social: subida de la edad de jubilación, recortar más de 100.000 millones de euros en cinco años en el gasto público, cumplir los designios de la caquistocracia de Bruselas de reducir el déficil e introducir todo ello, y más, en la constitución. El gobierno ha venido contando con el apoyo de toda la derecha, la clásica y la otra, la supuesta izquierda representada en este caso por el Partido Socialista. Lo aberrante del caso es que el PS estaba a las puertas de la desaparición, le sacó del pozo la alianza con La Francia Insumisa en el Nuevo Frente Popular y no tardó en romper el NFP para asumir el histórico papel de la socialdemocracia: no asustar al capital y salir siempre en su defensa.

El movimiento en Francia va creciendo y aglutinando a todo el mundo, desde los estudiantes a los obreros y a unos renovados «chalecos amarillos». Tras la desaparición de la URSS, donde estaba la raíz de las conquistas sociales porque el capital tenía que competir con lo que había allá, el neoliberalismo ha ido aprovechando cada momento para destruir todo eso que se ha llamado «estado de bienestar». Eso está llegando a un callejón sin salida. De hecho, se vuelve a la casilla de salida. O complacer a los famosos «mercados» -que son quienes moldean las políticas según sus deseos- o la soberanía del pueblo. La derecha, la clásica y la otra, la pretendida «izquierda», tiene claro que hay que complacer a los mercados (véase lo que ha venido haciendo el PSOE, con la aquiescencia de Sumar, con la vivienda, entre otras cosas). Y contra quienes están en contra de eso y defienden aunque sea de boquilla eso de «progreso social», la policía. En Francia es más que evidente. Aquí, en el Estado español, se está comenzando ver, los jóvenes lo están comenzando a ver, con la represión de las movilizaciones por la enseñanza. En Francia, la policía mutila y arranca ojos. Aquí también se ha hecho, especialmente en Catalunya, aunque no en la misma proporción. Todavía.

En Francia se está dando un interesante debate sobre si se lucha por algo o contra algo, pero lo cierto es que Francia está a años luz del resto de Europa en cuanto a luchas sociales. Por ahora, van a por todas.

Occidente entero ha entrado en una fase de «crisis perpetua» en la que los psicópatas y drogadictos que nos gobiernan se muestran incapaces de cambiar el rumbo. Al contrario, siguen empeorando progresivamente mientras nos entretienen con que la culpa es de los «izquierdistas», de los musulmanes, de los chinos, de los rusos, de los osos polares… Por lo tanto, nos dicen que nos tenemos que meter en la cabeza que solo con librarnos de toda esta gentuza las cosas van a ser maravillosas.

No esperéis oír hablar de las causas sistémicas de todas estas crisis por las que atraviesa Occidente. Ni una palabra de que es el sistema el que está corrompido y el que las genera. Porque no es que la culpa sea de que quienes tienen «dificultades» (neolengua que, también, utilizan los «progres») porque son quienes generan sus propios problemas (como dice el neofascismo en estos momentos en toda Europa), sino que es el propio sistema el que las genera. 

Por utilizar esa neolengua que niega la lucha de clases, cuando las personas más privilegiadas de la sociedad buscan obtener influencia política no lo hacen para reducir sus privilegios ni para luchar por los sectores oprimidos y marginados de la sociedad. Lo hacen para reforzar sus privilegios y transferir la carga de la sociedad a los grupos oprimidos y marginados. Porque hay un hecho tan cierto como que hay día y que hay noche: los beneficios de las grandes empresas están batiendo récords, mientras que los impuestos que se recaudan de ellas están disminuyendo.

Por lo tanto, no es de extrañar que las sociedades «cada vez están más polarizadas» y que cualquier salida que no contemple la lucha de clases no es más que una ilusión. Con «salida» me refiero a un punto en el que los ricos se detengan a reflexionar si tienen suficiente y si los pobres tienen demasiado poco. El sistema occidental no permite tal corrección de rumbo, por lo que la única salida es o una revolución o una guerra civil. 

O, tal vez, hay una tercera salida: la eliminación de los pobres. Ya lo están diciendo por ahí, como bien recordaba el otro día Hartmann. 

La crisis occidental, una de cuyas consecuencias es su pérdida de hegemonía a nivel mundial, no se va a resolver con medidas convencionales ni reformistas. 

Esto me lleva de nuevo a Francia. Un mes después del comienzo de las movilizaciones iniciadas por los estudiantes el ministro de Educación ha anunciado la contratación de 3.000 profesores suplentes para cubrir algunas de las plazas vacantes. El curso pasado, aproximadamente el 10 % de las clases no se impartieron debido a la escasez de profesorado. La pregunta es fácil: ¿por qué no se hizo antes? Dinero para privatizaciones, dinero para el país 404, antes conocido como Ucrania, dinero para rearme, dinero para la OTAN… pero no para la educación. Occidente, y Francia es una parte importante, tiene sus prioridades. Y no son la gente.

Es un parche, otro más de los típicos del sistema, un intento de ganar tiempo y desmovilizar. No se ha logrado. A los estudiantes ya se han sumado profesores, universitarios, bomberos y agricultores, junto a un número considerable de obreros. Los sindicatos dicen que van a arropar la convocatoria de mañana.  

Un dato para los incautos de siempre, esos que siguen hablando de «valores» y de «democracia» como signo de identificación de Occidente: van ya 8.000 detenidos en estas protestas, 2.700 de ellos ya han pasado por los juzgados y se cuentan por cientos los heridos de una u otra consideración, como manos amputadas por granadas lanzadas por la policía, ojos arrancados por impactos de pelotas de goma y mandíbulas destrozadas por lo mismo. Son cifras que superan a las del famoso «mayo del 68» y a las de la represión a los «chalecos amarillos» de 2019-2020. Cómo será la cosa cuando el propio gobierno ha reconocido 215 estudiantes heridos y 85 profesores. No cabe duda que son más, muchos más porque siempre hay gente que no acude a los centros sanitarios. Junto a ello, 400 institutos y escuelas secundarias están clausuradas administrativamente por considerarlas «activas» en las movilizaciones. Incluso están prohibidas las reuniones en las inmediaciones de estos edificios.

Esto, por cierto, está también comenzando a pasar en la Comunidad de Madrid, con denuncias expresas por participar en la huelga educativa del pasado miércoles. 

Como dijo una vez el historiador Eric Hobsbawm al observar el rumbo del mundo tras la desaparición de la URSS y la ofensiva neoliberal que se llevaba por delante las conquistas sociales, «los ojos no pueden estar cerrados todo el tiempo». Salvo que estés muerto, claro. Física y mentalmente.

P.D.- Zambia se suma a los países que comercian con China en yuanes, sin usar el dólar o el euro. Ya son 29 en todo el planeta.  

El Lince

Publicado por Lynx Pardinus