Revolución Obrera
Mirando al pasado para preguntar sobre el futuro

Por estos días celebramos uno de los más grandes hitos en la historia del movimiento obrero como fue el triunfo la Revolución Proletaria de Octubre de 1917 en Rusia. Y generalmente se habla de su historia, del Partido que la dirigió, de Lenin su más destacado dirigente, de cómo fue el período de febrero a octubre, en fin de muchos aspectos. Y no puede ser de otra forma porque sigue siendo fuente inspiración y enseñanza, sobre todo, para los obreros que alrededor del mundo se atreven rebelarse contra el poder de la burguesía.
Y a manera de recordar los días que estremecieron al mundo en medio de la primera guerra mundial, transcribimos los hechos más relevantes de la Gran Revolución Socialista de Octubre en la línea del tiempo tomada de Albert Nenarókov en, Historia ilustrada de la Gran Revolución Socialista de Octubre (Moscú: Editorial Progreso, 1987):
- 10 de octubre de 1917 – El Comité Central del POSDR(b) adopta la resolución propuesta por V.I. Lenin, sobre la insurrección armada; se elige el Buró Político del C.C. encabezado por Lenin.
- 11- 13 de octubre de 1917 – Congreso de los Soviets de la Región del Norte.
- 15 de octubre de 1917 – En la reunión del Comité Central del POSDR(b) se examinan las medidas para cumplir la resolución del C.C. del Partido sobre la insurrección armada.
- 16 de octubre de 1917 – La reunión ampliada del C.C. del POSDR(b) confirma la resolución propuesta por Lenin sobre la insurrección armada.
- 24-25 de octubre de 1917 – Insurrección armada de los obreros, soldados, marineros de Petrogrado.
- 26 de octubre de 1917 – Los revolucionarios se apoderan del Palacio de Invierno y se detiene al gobierno provisional.
- 25-27 de octubre de 1917 – Triunfa la Gran Revolución Socialista de octubre; el II Congreso de los soviets de toda Rusia proclama el poder soviético, aprobando los decretos leninistas sobre la paz y la tierra, elige al primer gobierno soviético: el Consejo de Comisarios del Pueblo, presidido por Lenin.
Para algunos, este proceso constituye ante todo una confirmación de la necesidad del partido revolucionario y de la toma del poder político; sus principales enseñanzas se encuentran en la experiencia de los soviets y en la iniciativa de las masas; mientras que otros que ponen el acento en el papel que jugaron las armas o en los logros posteriores a este proceso revolucionario; otros más prestan mayor atención a la construcción del partido, la relación con las masas, la organización de los soviets, la cuestión campesina, la insurrección y las transformaciones que atravesó el proceso revolucionario antes y después de octubre de 1917; algunos destacan como más importante la construcción del socialismo, la derrota del proletariado en 1958… en fin, son múltiples los aspectos para examinar esta rica experiencia de la cual debemos seguir aprendiendo, pues constituye parte del acervo del proletariado mundial, del cual debemos sacar lecciones pensando en el futuro.
Como se ve, no se puede agotar entonces la complejidad de la Revolución Socialista de Octubre ni ofrecer una interpretación definitiva de sus múltiples enseñanzas en un escrito y mucho menos por las limitaciones de extensión de este medio. Por consiguiente, en esta ocasión queremos en este breve artículo ofrecer a los lectores de Revolución Obrera, una valoración que contribuya orientar el camino de los trabajadores y revolucionarios; no mediante la búsqueda de similitudes que conduzcan a una aplicación mecánica de una experiencia al país, sino comprendiendo las decisiones que permitieron el éxito de la revolución. De este modo, la experiencia de la Revolución de Octubre sirve como herramienta para los trabajadores y revolucionarios que buscan no solo comprender sino transformar las condiciones concretas para avanzar hacia la construcción del socialismo en Colombia.

La vigencia de la lucha armada después de 1905
La derrota del levantamiento armado en Rusia durante 1905–1907 abrió un período de intensa represión y reacción política contra los revolucionarios que se atrevieron a alzar las armas contra la burguesía ¿Qué actitud tomó Lenin? A diferencia de los dirigentes de la izquierda reformista y electorera —incluidos aquellos que un día estuvieron en armas—, Lenin
al estudiar la experiencia de la lucha armada y constatar las razones por las que en ese momento no se pudo conquistar el poder, no rechazó el empleo de las armas para la revolución, por el contrario orientó que, la revolución de 1905 debía ser estudiada como una experiencia de la que era necesario que los comunistas tomaran lecciones para futuros levantamientos armados, así lo expone en Las enseñanzas de la insurrección de Moscú (1906).
Para Lenin, el problema no consistía en haber recurrido a las armas como señalaban algunas personalidades, sino en que la insurrección no había contado con una preparación política, organizativa y militar suficiente. La derrota no demostraba la inutilidad de la lucha armada; demostraba, por el contrario, la necesidad de estudiarla con mayor seriedad y de preparar al partido y a las masas para asumirla enfrentando los errores del pasado.
Lenin señala que la revolución no podía reducirse a la huelga económica, a la manifestación pacífica ni a la participación electoral. Estas formas de lucha podían desempeñar un papel importante, pero, en una situación revolucionaria, debían vincularse con una estrategia orientada a la conquista del poder político, de ahí que insistiera que la revolución se concibiera como un arte, y no como un efecto espontáneo fruto de la indignación proletaria.
Así, el pueblo que seguía organizando las huelgas y las manifestaciones, debía comprender que mientras más se acercaban a la revolución, la reacción también se prepararía para responder con mayor fuerza y brutalidad, correspondía entonces al partido del proletariado prepararse para hacer frente a ello con el propósito de continuar con la revolución aún en las peores condiciones, pues la revolución de octubre no puede entenderse sin la aplicación creadora y revolucionaria de las lecciones de 1905.
Con lo anterior no decimos que en este momento se esté en condiciones de iniciar un levantamiento popular armado, pues una insurrección no puede decretarse por una organización con base en sus deseos subjetivos; se requiere de una situación revolucionaria, una amplia movilización de las masas, un gran nivel de organización y de una dirección política proletaria hábil y capaz de dirigir el torrente revolucionario, que esté en condiciones de incorporar a su arsenal los nuevos avances de la tecnología militar, como lo son los drones y la inteligencia artificial, que como ya se ha mencionado en otros artículos han revolucionado el arte de la guerra.
Por lo cual, pese a las derrotas o desviaciones de la lucha armada revolucionaria en Colombia, no podemos decir que el error está en el empleo de las armas, si no en el subjetivismo, el dogmatismo y la pérdida de la perspectiva revolucionaria; asuntos que debemos combatir como hizo Lenin, con el análisis de la situación económica-social de nuestro país, el continente y el mundo.
Al analizar esta situación, vemos que las movilizaciones populares de los últimos años expresan el descontento de trabajadores, estudiantes, campesinos, comunidades indígenas, afro y sectores empobrecidos frente a la precarización laboral, el abandono estatal, el recorte del presupuesto a conquistas sociales, etc. Sin embargo, la movilización por sí sola no transforma las relaciones de poder. La experiencia rusa muestra que las protestas y huelgas adquieren una dimensión revolucionaria únicamente cuando logran unirse, organizarse y dotarse de una dirección política capaz de disputar el poder político.
Las luchas de los distintos sectores del pueblo trabajador, pese a ser algo inevitable y positivo, no pueden convertirse en un fin en sí mismas como advertía Lenin; las reivindicaciones inmediatas deben contribuir a elevar el nivel de conciencia y organización de las masas explotadas y oprimidas para disputar el rumbo de la sociedad.
La flexibilidad en la táctica
Asimismo, con la llegada de Abelardo De la Espriella a la presidencia de Colombia, con el respaldo de las clases dominantes colombianas y el apoyo de Estado Unidos e Israel, sustituyendo el gobierno reformista del Pacto Histórico, implica cambios en la táctica. A ese respecto, una de las lecciones fundamentales del período posterior a 1905 y que permitió el triunfo en octubre de 1917 fue la necesidad de combinar y pasar a distintas formas de lucha. La represión zarista no hizo posible continuar con las mismas formas de movilización que habían caracterizado el ascenso revolucionario. Pero tampoco significó que los bolcheviques debieran replegarse completamente a la clandestinidad para salvaguardar el partido. Por el contrario, decididamente participaron en las organizaciones sindicales, en las cooperativas y en la Duma (una conquista de la insurrección de 1905) para mantener sus vínculos con los obreros y campesinos, desarrollando labores de agitación, propaganda y organización.
A día de hoy algunas organizaciones comunistas rechazan la combinación de las distintas formas de lucha, resultado de los errores del revisionista Partido Comunista Colombiano que durante el siglo XX enarboló la bandera de la combinación de todas las formas de lucha, estableciendo una jerarquía entre la lucha armada y el electorerismo que buscaba, no conquistar el poder político mediante la revolución armada, sino sentar las bases para una vía pacífica al socialismo; así la política electoral del PCC terminó restringiendo otras posibilidades de organización y acción para destruir el Estado burgués.
Los bolcheviques no identificaron la legalidad con el reformismo, ni la clandestinidad con la revolución por sí mismos. Ambas podían adquirir un sentido distinto dependiendo de las condiciones concretas y de los objetivos políticos con los que fueran utilizadas. La flexibilidad en la táctica llevada a cabo determinaba qué formas de intervención, lucha y organización permitían conservar la organización, ampliar la influencia entre las masas y responder adecuadamente a los cambios de la situación política, preparando las condiciones para avanzar a la insurrección popular armada.

