Voces y ecos
RAFAEL PERALTA ROMERO
rafaelperaltar@gmail.com
Especial para Quisqueyaseralibre
El martes pasado (día 14) fue inaugurada en la Biblioteca
Nacional la Trigésimo Séptima Asamblea de la Asociación de
Estados Iberoamericanos para el Desarrollo de las Bibliotecas
Nacionales de los Países de América, ABINIA. Al pronunciar el
discurso de orden, se me ocurrió recordar al auditorio que otro
catorce de octubre, fue también el día en el que un hombre se
levantó para hablar en el salón de conferencias de una
universidad suramericana y comenzó diciendo:
“No vengo a hablaros en nombre de la Universidad de México,
no sólo porque no me ha conferido ella su representación para
actos públicos, sino porque no me atrevería a hacerla
responsable de las ideas que expondré. Y sin embargo, debo
comenzar hablando largamente de México porque aquel país,
que conozco tanto como mi Santo Domingo, me servirá como
caso ejemplar para mi tesis”.
Ocurrió en la Universidad Nacional de La Plata, Argentina, y el
hombre se llamaba -y se llama- Pedro Henríquez Ureña. Era 14
de octubre de 1922 y la tesis que desarrolló allí se tituló -y se
titula- “Utopía de América”. Que nadie piense que pretendo
parangonarme con ese sabio imperecedero, pues tendría que
arrojarme a sollozar ante un imaginario muro de las
lamentaciones.
Aquella vez, don Pedro ejemplificó suficientemente con México,
y se refirió a su cultura, a su acentuado nacionalismo y el apego a
lo autóctono. Sin embargo, la esencia de la exposición era la
unidad de los pueblos americanos y aseguró que “La unidad de
su historia, la unidad de propósito en la vida política y en la
intelectual, hacen de nuestra América una entidad, una magna
patria, una agrupación de pueblos destinados a unirse cada día
más y más”
La reunión de ABINIA, realizada en Santo Domingo, constituye
una expresión de los vaticinios de Henríquez Ureña, quien
reclamara para América la unidad espiritual que él veía en
pueblos de la Antigua Grecia y la Italia del Renacimiento y
podamos compararnos con ellos para que aprendamos, de su
ejemplo, que la desunión es el desastre.
ABINIA representa la mejor parte en la intención de mantener
vínculos espirituales entre los pueblos de cultura latina en
América. Los objetivos de esta organización, como su misión y su
visión son pruebas evidentes de esta apreciación. Las bibliotecas
son fuentes materiales de conocimiento y el bibliotecario un
servidor abnegado de la difusión de ese conocimiento. Sin
embargo, los signos de los tiempos inducen a creer, y algunos ya
lo afirman, que la preservación de libros es una utopía, pero no
en el sentido en el que la enfocó don Pedro.
Lo deseable de esta reunión de ABINIA es que emanen acuerdos
y decisiones que faciliten el fortalecimiento y aplicación de las
líneas contenidas en el Plan Estratégico 2023-2028, el cual es rico
en planteamientos en líneas de acción para una efectiva gestión
del conocimiento por parte de nuestras instituciones.
Solicité a los directores de bibliotecas nacionales, para que
nuestra labor en las bibliotecas resulte más oportuna y fructífera,
aceptar este consejo del más ilustre pensador dominicanos, don
Pedro Henríquez Ureña: “Ensanchemos el campo espiritual:
demos el alfabeto a todos los hombres; demos a cada uno de los
instrumentos mejores para trabajar en bien de todos;
esforcémonos por acercarnos a la justicia social y a la libertad
verdadera; avancemos, en fin, hacia nuestra utopía”.
Son ideas de Pedro Henríquez Ureña, siempre vigentes.
