Por Ernesto Acolmixtli
Fuentes: Rebelión
Los resultados del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés) se publicó en París, Francia, el pasado 8 de septiembre. Esta evaluación se realiza cada tres años en jóvenes de 15 años en 91 países. Los resultados fueron tan negativos que alarmaron a la opinión pública internacional: académicos, políticos, intelectuales y padres de familia comentaron en medios de comunicación su preocupación por tan penosos resultados para la mayoría de los países participantes. México no se escapó de tal vergüenza.
Países poderosos, quedaron muy abajo, como Estados Unidos que se ubicó en el lugar número 27 en conocimientos matemáticos, muy atrás, del primer lugar mundial que fue China. Tras la publicación del estudio que realizó la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), comenzamos a oír en los medios de comunicación las voces de los expertos que, después de amplias discusiones, coincidieron en que las causas fundamentales del fracaso educativo en general, eran: a) el uso constante de los celulares; b) el uso abusivo de la inteligencia artificial; c) el incremento en los problemas de indisciplina; y d) los efectos pospandemia.
Sin embargo, deberíamos detenernos y buscar más hondo las verdaderas causas del fenómeno, porque si bien las causas señaladas pueden influir en la calidad educativa, no son la explicación sustancial de ese fracaso educativo internacional que comenzó mucho antes de la pandemia. Nosotros pensamos que las causas de fondo son de carácter estructural, de carácter económico-global y de la política social del régimen que se trate.
Sabido es que el sistema capitalista mundial conforme se desarrolla va generado su propio e irreversible debilitamiento. Sus gigantescas inversiones en todo el mundo ya no entregan a sus dueños las mismas gigantescas ganancias de las décadas pasadas. También se sabe que ese mismo desarrollo provoca constantemente la concentración de capital y riquezas en manos de unos cuantos archimillonarios, formando al mismo tiempo enormes poblaciones de hombres pobres y hambrientos, ampliando las brechas sociales entre ricos y pobres. La división entre ricos y pobres es una ley social que provoca el sistema capitalista y se impone en todas las esferas sociales incluyendo la educación.
Esta gran división entre ricos y pobres (división de clases sociales), como toda ley social, tiene que manifestarse de forma determinante en los aspectos educativos, condicionando el nivel de avance de la ciencia de todos los países. Por tanto, la situación educativa de niños y jóvenes, de alguna nación, es el reflejo de la mencionada concentración de la riqueza en unos pocos y el empobrecimiento de la inmensa mayoría; de modo que, si la concentración de la clase adinerada es enorme, la educación para esta clase será de mucha calidad, será excelente, mientras que, para los pobres la educación será muy mala y habrá analfabetismo. Esta es la manifestación fundamental de esta ley en el terreno educativo.
Ahora bien, es un hecho que existan diferencias entre los países según los tipos de regulación gubernamental sobre la economía, la sociedad y la educación, dependiendo del tipo de régimen que gobierne algún Estado encontraremos modelos económicos y políticas públicas que se esfuercen en cerrar la brecha entre ricos y pobres, tratando de evitar tantas ventajas educativas y sociales para los estudiantes ricos y tantas desventajas para las mayorías estudiantes pobres y, por tanto, aplicarán mayor o menor atención e invertirán más o menos recursos en las políticas educativas enfocadas a disminuir las causas de origen. Comparemos tres países participantes en la evaluación PISA:
China. Su modelo educativo quedó en el primer lugar mundial en Matemáticas y Ciencias, y el segundo en Lectura de comprensión de las evaluaciones internacionales. Al respecto, hay que decir, en primer lugar, que el modelo económico en China, a diferencia de otros países, es menos explotador, es un capitalismo regulado y se le conoce como “Socialismo de mercado”. El gobierno chino lo dirige el Partido Comunista Chino y tiene un verdadero control sobre la economía y sus distintos factores; y aunque hay empresarios muy ricos, ya no hay población pobre.
China logró eliminar la pobreza, como ha confirmado la Organización de las Naciones Unidas, esto quiere decir que el Modelo Económico Chino distribuye mejor su riqueza y, por tanto, las clases sociales no están tan polarizadas, porque las clases más bajas son clases sociales de condición media, gozan de mejores salarios que otros países y la alimentación, la vivienda, la salud son de buena calidad y están bien garantizados en todas las familias. Con esas bases económicas y sociales sólidas, aseguran la formación de estudiantes sanos física y mentalmente, sin drogas, sin exclusión alguna, capacitados para asimilar conocimientos y mantener un nivel académico alto.
En segundo lugar, China está entre los países que más invierte en educación con el 4 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB), que equivale a cerca de un billón de dólares anuales y que aplican de manera ordenada y selectiva. El gobierno invierte constantemente en infraestructura, laboratorios, bibliotecas, tecnología de la enseñanza, en preparación continua y elevada de sus profesores, además, invierte el presupuesto más grande a las escuelas más pobres, aun en las provincias lejanas, cerrando la brecha entre escuelas pobres y ricas.
En tercer lugar, en China existe un sistema educativo único orientado a democratizar la educación, compensa los rezagos escolares enviando a los maestros más destacados a enseñar en las escuelas de mayor rezago académico, aplicando técnicas de la enseñanza de vanguardia. Estas bases socioeconómicas y otros factores más (que ya no mencionamos), permiten que la educación en China se coloque como la mejor del mundo.
Estados Unidos. Es el país donde el sistema de opresión capitalista ha alcanzado su mayor desarrollo, es la nación que encabeza el imperialismo mundial que hoy somete a la mayoría de los países del planeta. Aquí el nivel de explotación de sus obreros (muchos inmigrantes) es muy alto, esto provoca directamente que exista una gran brecha social entre ricos y pobres, pues la acumulación de riqueza en manos de las clases ricas es la más elevada del mundo, mientras la mayoría de la población vive en la miseria.
La Human Rights Wacth (organización de derechos humanos) afirma que el 10% de los más ricos de Estados Unidos acapara la mitad de todos los ingresos del país, mientras la mitad de la población pobre, solo recibe en conjunto el 13%, y para notar más la diferencia social, “señalan que el 50% de la población apenas es dueña del 1.5% de toda la riqueza privada” (Human Rights Wacth, informe mundial 2024, página oficial).
Estas grandes diferencias en la distribución de la riqueza, se reflejan inevitablemente en la educación, de tal manera que hay una gran cantidad de escuelas pobres con muy malos rendimientos académicos y pocas escuelas de ricos, con muchos recursos y buenos resultados. Existen en total un estimado de 33.1 millones de alumnos pobres y 10 millones de alumnos de altos ingresos en suburbios de clase alta, entonces, estas condiciones desventajosas de los alumnos norteamericanos explican contundentemente la desventaja a la que se enfrenta la mayoría de alumnos de malas condiciones y, por tanto, sus malos rendimientos académicos.
Aunque el gobierno federal norteamericano sea el país que más invierte en educación del mundo, nunca podrá reparar los daños que genera a su población el sistema de explotación capitalista. Además, la política educativa norteamericana no es centralizada, cada una de las 50 entidades del país tiene su propio programa de inversión y atención educativa, por lo que los estados pobres nunca alcanzaran a los estados ricos y su educación será siempre desigual y serán los resultados en la prueba PISA un reflejo de las condiciones económicas de cada clase social y la distribución de su riqueza.
México. Aquí vivimos en un sistema económico muy injusto, nuestros obreros son los más mal pagados de la OCDE, los patrones ricos de México pagan tan bajos salarios que han concentrado enormes fortunas, a tal grado que solo el 10 por ciento de la población más rica concentra en sus manos el 71 por ciento de la riqueza nacional (“Riqueza sin control”, OXFAM, México, enero 2026).
Solo ese dato habla de la gran diferencia económica que separa a la clase rica de las clases pobres en nuestro país y, por tanto, de la manifestación forzosa de este hecho en la educación: pocos estudiantes tienen buenas condiciones educativas y la inmensa mayoría tiene muy malas condiciones de acuerdo a su pobreza. Su alimentación es muy deficiente, su salud mermada muchas veces por la mala alimentación, viven hacinados, sin condiciones para estudiar en sus casas, tienen limitaciones de transporte, mucha inestabilidad emocional ante las carencias familiares y sociales, entonces, su capacidad de concentración y aprovechamiento escolar será muy deficiente.
Además de esas bases de la estructura social, el gobierno solo destina para educación el 3.2 por ciento del presupuesto. De los 32 países de la OCDE, México es el último lugar con 2 mil 790 dólares de inversión por alumno, mientras el promedio de todos los países es de 13 mil 210 dólares, ¡cinco veces menos!, en consecuencia, la inversión en infraestructura y recursos didácticos es muy pobre. Por último, los planes y programas son muy heterogéneos, sus maestros reciben bajísimos salarios y escasa preparación; de modo que, con estas insuficientes condiciones básicas en educación, ningún país podrá salir adelante, así que, seguiremos en los últimos lugares en la prueba PISA, mientras no cambiemos el modelo económico del país.
En conclusión, las explicaciones que ofrecen los representantes oficiales del gobierno, los intelectuales y analistas sobre los malos resultados educativos, no explican el verdadero problema. No es el uso excesivo del teléfono celular por los alumnos, ni el abuso de la inteligencia artificial, ni los efectos pospandemia, todas estas son razones corregibles. La verdadera causa del fracaso educativo en la mayoría de los países, se encuentra en el injusto sistema capitalista con su modelo neoliberal que distribuye inequitativamente la riqueza social y los servicios educativos, sobre todo en los países pobres y dependientes como México.
Por consiguiente, la solución a la pobreza y la desigualdad la encontraremos en el cambio del injusto modelo económico capitalista, por otro modelo económico superior y más equitativo que le haga justicia al pueblo trabajador, que es, a final de cuentas, el productor de toda la riqueza social en el mundo.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
