Historia

DEL DÍA DE LA RAZA AL DÍA DE LA IDENTIDAD DOMINICANA

Sócrates Suazo

Una reflexión histórica sobre nuestras raíces, la memoria y el derecho a nombrarnos.

Hay fechas que, más allá de su significado histórico, nos invitan a reflexionar sobre la manera en que los pueblos interpretan su pasado, construyen su memoria y definen su identidad. El 12 de octubre es una de ellas. Bajo distintas denominaciones, esta fecha evoca el encuentro entre Europa y América iniciado en 1492, un acontecimiento que transformó radicalmente la historia de ambos mundos y cuyas consecuencias todavía se manifiestan en nuestras sociedades.

En la República Dominicana, la fecha se conmemora tradicionalmente como el Día de la Raza. Sin embargo, cabe preguntarnos si esta denominación expresa verdaderamente lo que somos como pueblo o si ha llegado el momento de adoptar una perspectiva más amplia, históricamente fundamentada y culturalmente representativa. Nuestra propuesta es sustituirla por el Día de la Identidad Dominicana.

No se trata de negar la historia, renegar de una de nuestras raíces culturales ni convertir una conmemoración en una querella ideológica. Se trata, por el contrario, de reconocer la complejidad de nuestro origen y reivindicar el derecho de los dominicanos a nombrar su propia identidad desde la experiencia histórica que nos constituye.

Una misma fecha, distintas interpretaciones de la historia

El 12 de octubre no tiene un significado universal ni una interpretación única. Aunque la fecha remite al viaje de Cristóbal Colón y a la llegada de la expedición castellana a tierras americanas en 1492, la manera de conmemorarla ha evolucionado conforme los pueblos han revisado críticamente sus historias.

Argentina la denomina Día del Respeto a la Diversidad Cultural; Bolivia, Día de la Descolonización; y México, Día de la Nación Pluricultural. Cada nombre expresa una forma particular de relacionarse con el pasado, reconocer la pluralidad de sus sociedades y establecer una distancia crítica frente a las interpretaciones heredadas de la conquista.

Estas denominaciones no son simples cambios de vocabulario. Las palabras seleccionan perspectivas, jerarquizan acontecimientos y condicionan nuestra comprensión de la historia. Hablar de descubrimiento puede privilegiar la experiencia europea, como si el continente hubiese esperado la llegada de los navegantes para entrar en la historia. Hablar de conquista destaca la imposición militar y política; referirse a la colonización pone el acento en la ocupación territorial, la explotación económica y la reorganización de las sociedades originarias.

Ninguno de estos términos, por sí solo, agota la complejidad del proceso. Pero todos nos recuerdan que la historia no consiste únicamente en establecer qué ocurrió, sino también en examinar desde qué perspectiva lo contamos y qué aspectos de la experiencia humana decidimos reconocer.

La ambigüedad de una raza y la realidad de una identidad

En nuestro caso, la expresión Día de la Raza plantea una dificultad conceptual que merece ser examinada. La palabra raza, empleada en singular y sin mayores precisiones, puede sugerir la existencia de una unidad étnica homogénea, cuando la realidad dominicana es precisamente el resultado de múltiples procedencias, herencias y experiencias históricas.

La identidad dominicana no nació de una sola raza ni puede explicarse solo desde la llegada de los españoles. Sus raíces se encuentran en tres grandes troncos históricos y culturales: el aborigen, representado fundamentalmente por los pueblos taínos que habitaban la isla antes de la llegada europea; el europeo, particularmente el español, que impuso nuevas estructuras políticas, religiosas, económicas y lingüísticas; y el africano, cuyos hombres y mujeres fueron trasladados violentamente a estas tierras mediante el sistema esclavista y contribuyeron decisivamente a la formación de nuestra sociedad.

Es importante reconocer que estas tres raíces no se encontraron en condiciones de igualdad. La conquista estuvo marcada por la violencia, la desarticulación de las sociedades indígenas y la imposición colonial. Posteriormente, la esclavitud africana incorporó nuevas formas de explotación y sufrimiento humano. Por eso, hablar de mestizaje no debe conducirnos a idealizar el pasado ni a confundir la integración cultural con la ausencia de conflictos.

Nuestra identidad surgió de una mezcla histórica profundamente desigual, pero también de la capacidad de los seres humanos para sobrevivir, resistir, adaptarse, crear y transformar las circunstancias que les fueron impuestas.

Con el paso de los siglos, aquellas raíces se entrelazaron, se transformaron y produjeron una realidad cultural nueva, irreductible a cualquiera de sus componentes originales. De esa interacción emergieron rasgos lingüísticos, expresiones musicales, creencias, tradiciones culinarias, formas de sociabilidad y maneras de interpretar el mundo, que hoy reconocemos como dominicanas.

Somos herederos de ese proceso, no como una simple suma de componentes étnicos, sino como una identidad histórica propia.

La identidad dominicana como conciencia de lo que somos

Proponer el Día de la Identidad Dominicana significa desplazar el centro de la conmemoración. En lugar de privilegiar exclusivamente el acontecimiento que conecta nuestra historia con la expansión europea hacia América, proponemos reconocer el largo proceso mediante el cual llegamos a ser lo que somos.

La diferencia es sustancial. Una fecha centrada en la llegada de Colón nos remite a un acontecimiento de 1492; una fecha dedicada a la identidad dominicana nos invita a comprender los siglos de historia que siguieron, las transformaciones de la sociedad colonial, la herencia africana, la persistencia de aportes indígenas, la formación de una cultura criolla y el desarrollo de una conciencia nacional que desembocaría, siglos después, en la proclamación de nuestra independencia.

No se trata de borrar el 12 de octubre de la historia, sino de resignificar su conmemoración. Tampoco de negar la herencia española, cuya lengua, instituciones y tradiciones forman parte esencial de nuestra cultura. Se trata de reconocerla junto con las demás raíces que contribuyeron a nuestra formación, sin jerarquías artificiales ni exclusiones históricas.

Esta propuesta, además, puede ayudarnos a superar una falsa disyuntiva: celebrar nuestra identidad no exige rechazar a España, del mismo modo que reconocer la herencia española no nos obliga a silenciar la violencia de la conquista ni los sufrimientos de los pueblos originarios y africanos.

La madurez histórica de una nación se demuestra en su capacidad para mirar de frente todas las dimensiones de su pasado, sin complejos ni idealizaciones.

Una celebración para reconocernos, no para dividirnos

El Día de la Identidad Dominicana podría convertirse en una oportunidad para promover la investigación histórica, fortalecer la enseñanza de nuestras raíces culturales y reconocer la diversidad que existe dentro de nuestra propia sociedad.

Sería una ocasión para estudiar las huellas de los pueblos originarios, reivindicar los aportes de la población africana y valorar la herencia europea; para reconocer la contribución de las comunidades que han enriquecido nuestra cultura a lo largo del tiempo y para comprender que la dominicanidad no es una esencia inmutable, sino una construcción histórica que se renueva con cada generación.

También permitiría abordar nuestras contradicciones: el racismo, los prejuicios asociados al color de la piel, la negación de determinados componentes de nuestra herencia y las tensiones que todavía atraviesan la manera en que nos definimos como pueblo. Porque la identidad no consiste únicamente en celebrar lo que nos enorgullece. También implica comprender aquello que debemos superar.

En este sentido, la propuesta no pretende establecer una nueva ortodoxia histórica ni sustituir una consigna por otra. Aspira a abrir una conversación nacional, serena y fundamentada, sobre el significado de nuestra memoria colectiva. Su valor reside precisamente en que puede convocarnos desde una afirmación común: la voluntad de comprendernos mejor como dominicanos.

Conclusión: el derecho a nombrar nuestra historia

A 534 años del 12 de octubre de 1492, tenemos razones suficientes para preguntarnos si la denominación Día de la Raza representa adecuadamente la complejidad de nuestra experiencia histórica.

Los pueblos no están condenados a perpetuar indefinidamente las palabras con las que otras épocas interpretaron su pasado. Pueden revisarlas, discutirlas y sustituirlas cuando encuentran una expresión que representa mejor su realidad y sus aspiraciones.

Por eso, proponemos que la República Dominicana avance hacia el reconocimiento del 12 de octubre como Día de la Identidad Dominicana: una conmemoración de nuestras raíces aborígenes, europeas y africanas; de los encuentros y desencuentros que marcaron nuestra formación; de las resistencias, los intercambios y las transformaciones que dieron origen a nuestra cultura.

No celebraríamos una raza, sino la historia que nos hizo pueblo. No conmemoraríamos únicamente la llegada de unos hombres a tierras americanas, sino el complejo proceso mediante el cual, a través de los siglos, se formó una identidad que hoy reconocemos como propia.

Porque ser dominicano es llevar en nuestra historia las huellas de tres grandes raíces, pero también la originalidad de una cultura que no es enteramente ninguna de ellas y que, al mismo tiempo, guarda algo de todas.

El 12 de octubre debe ser una oportunidad para reconocernos en la totalidad de nuestra historia. Porque antes que una raza, somos una identidad; antes que una herencia única, somos una síntesis histórica; y antes que celebrar lo que otros nombraron por nosotros, tenemos el derecho y la responsabilidad de comprender y afirmar lo que somos.

Fuentes de referencia para fundamentar el ensayo

– Instituto Geográfico Nacional de Argentina. 12 de octubre: Día del Respeto a la Diversidad Cultural. Referencia institucional para estudiar la resignificación de la fecha. 

Instituto Geográfico Nacional

– Diario Oficial de la Federación de México. Decreto que establece el Día de la Nación Pluricultural. Fuente normativa primaria para el caso mexicano. 

– Ministerio de Educación de la República Dominicana. Conmemoración del Día Nacional del Encuentro entre Culturas. Permite documentar los usos institucionales dominicanos de distintas denominaciones