
Ya el título del artículo señala lo que comúnmente se diría que es un mierdero como una catedral. La situación en Bolivia después del pucherazo/golpe de Estado en las últimas elecciones, aunque no ocupa titulares por que quien manda es “de los suyos”, es extremadamente convulsa y volátil.
En Bolivia, se detuvo a un tal Cerimedo, un argentino que montó un complot para asesinar a su exesposa, pero en el operativo, descubren que la perla, además de ser un asesino machista, lideraba una organización con numerosos apartamentos repletos de ordenadores que funcionaban como “granjas de bots” para influir en los procesos electorales latinoamericanos, desde México hasta Argentina, pasando por Colombia. Las ramificaciones van desde el expresidente narcotraficante hondureño indultado por Trump, hasta Milei, el grupo de Madrid y como no la embajada estadounidense y la estación de la CIA en La Paz.
Este escándalo no deja de ser anecdótico. El gobierno de Rodrigo Paz ha decretado una brutal subida del diésel que atenta directamente contra la economía popular, muy afectada ya por las medidas antiobreras y antipopulares del Gobierno. Las centrales sindicales de transportistas, la Central Obrera Boliviana y el movimiento indígena y campesino han salido a las calles, cada uno con una estrategia, unos objetivos y unos liderazgos diferenciados y a veces opuestos.
Evo Morales, liderando el movimiento indígena y campesino, ha estado al frente de bloqueos de carreteras y marchas hacia la capital. Mientras, la COB firmó acuerdos con el gobierno, que consideran rotos tras la firma por parte del ejecutivo del fin de los subsidios al diésel.
En este contexto, Evo Morales y la COB han protagonizado un enfrentamiento con reproches cruzados. Por un lado, Evo criticó duramente a la COB por la firma de acuerdos con el Gobierno, por el otro, la COB se oponía al bloqueo de las ciudades y afirmaba que el tiempo de Evo había pasado.
La división del campo obrero y popular nunca es buena, la estrategia de pacto y conciliación y del mal menor es peor.
El dieselazo es la repercusión de la guerra contra Irán y del modelo de saqueo y despojo del gobierno de Rodrigo Paz. El movimiento obrero y popular boliviano solo tiene dos caminos el de la unidad y la lucha o el del pacto y la traición.
Quienes luchan solo tienen la opción de establecer las más amplias unidades.
El gobierno mantiene el estado de excepción, la represión contra el campo popular se recrudece, el gobierno acaba de pedir un crédito al FMI por 1.900 millones de dólares y se está preparando un paquetazo con congelación de salarios y privatizaciones masivas. Al pueblo boliviano solo le queda luchar, y desde estas líneas se les desea sabiduría y aciertos.
Lo que sucede hoy en Bolivia sucede en Argentina, Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Panamá, Honduras, Costa Rica, El Salvador… La ofensiva reaccionaria en América Latina anuncia un futuro de grandes luchas populares en el continente. Seguiremos desde Unidad y Lucha los acontecimientos.
¡Jallalla Bolivia carajo!
Ferran N.
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