
Cuando se debatía en el país el tema del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Centro América y República Dominicana (DR. CAFTA), advertíamos sobre el peligro que esto representaba para el aparato productivo nacional, en especial para el agropecuario.
Señalábamos que los Estados Unidos, además de llevarnos siglos de adelantos tecnológicos, mantendría el subsidio a sus productores, tal como ha sucedido, por lo que se convertiría en el mayor beneficiario de este desigual tratado.
Pero ellos necesitaban mercados para la colocación de sus excedentes, y como imperialismo al fin, y contando con gobiernos dóciles como los nuestros, impusieron sus condiciones, y ahora cunde el pánico en gobernantes y productores, en especial entre los del sector arrocero, pues desde el 1° de enero del 2025 los Estados Unidos y los demás países miembros del DR-CAFTA podían colocar este producto en nuestro mercado con una tasa arancelaria del 0%.
El pataleo del presidente Luis Abinader permitió, de manera transitoria, que estos acuerdos no se aplicaran con todo su rigor, pero la alegría en casa pobre dura poco, y el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, le reclamó recientemente, de manera furiosa, a su gobernador de colonia que había llegado el momento del desmonte de los aranceles al cereal.
De manera que el arroz estadounidense, subsidiado, de superior calidad y producido a más bajo costo, ya puede entrar al país libre de todo tipo de impuesto, desplazando de las plazas comerciales al nuestro y creando con ello un gran problema social, puesto que de este rubro se benefician, en forma directa, más de 300,000 personas.
El país cuenta con más de 30,000 productores, distribuidos en 21 provincias y con lotes de tierras inferior a las 50 tareas, con una producción anual promedio de 13 millones de quintales de arroz, en tanto que en Estados Unidos 6,000 productores producen 178 millones de quintales de arroz por año.
Como se refleja en la comparación anterior, entre productores nacionales y estadounidenses, la diferencia resulta alarmante en contra de los nuestros, pues el minifundio, consecuencia negativa del latifundio, constituye una agravante más de la baja productividad y calidad de vida de los labriegos criollos.
Hoy son los arroceros quienes sienten de manera directa el peso de las negativas consecuencias derivadas del libre comercio, que, dicho sea de paso, de libre no tiene nada, pues solo beneficia a uno de los socios (los Estados Unidos). Mañana serán otros y luego otros y otros.
Por lo visto, a los productores agropecuarios no le queda otra salida que no sea la de unirse al resto de la población bajo un proyecto democrático que garantice ante todo la protección del aparato productivo nacional y la defensa de la soberanía, antítesis del modelo económico neoliberal y de condición de neocolonia que como nación padecemos.
PATIDO COMUNISTA MARXISTA LENINISTA DE LA REPÚBLICA DOMINICANA
