Cultura

Miguel Hernández, Machado y Lorca, de su puño y letra, en internet

El 30 de junio de 1936, sólo dos semanas antes de que su mundo se volviera del revés, el poeta Miguel Hernández estaba contando los días para reunirse con su prometida, Josefina Manresa. “No me gustaría ir y verte pelona como tú me vas a ver a mí, que me he cortado otra vez el pelo al rape y por eso no he querido fotografiarme”, le escribe entonces y continúa: “Soy un poco tonto, como todo el mundo o un poquito más, tú lo sabes muy bien. No sé ya si tengo un corazón o un millón para quererte. Tengo las manos desesperadas por tirarte del pelo ese tuyo que me vuelve loco. Tú me tirarás de las orejas o de la nariz, porque no tendrás pelos a donde agarrarte cuando vaya”.

Esta carta es uno de los documentos que forman parte del legado de Miguel Hernández, depositado por sus herederos en la Diputación de Jaén. El archivo, que contiene manuscritos, fotografías, artículos de prensa, partituras y grabaciones sonoras, puede consultarse casi en su totalidad en la página web habilitada por la Fundación. Los fondos digitalizados permiten acercarse al proceso creativo del poeta a través de los borradores de algunos de sus poemas más famosos, muchos de ellos esbozados a lápiz en hojas sueltas.

Miguel Hernández y su esposa Josefina Manresa en Jaén a los pocos días de casarse.

Entre la correspondencia hay cartas como la que escribió a Juan Ramón Jiménez en 1931, anunciando su pronta marcha a Madrid desde Orihuela y suplicándole que le recibiera. “Sólo le conozco a usted por su segunda antología poética que, créalo, ya he leído cincuenta veces”, le dice. “¿Sabe usted dónde he leído tantas veces su libro? Donde son mejores todos: en la soledad a plena naturaleza […] Es que soy pastor. No muy poético, como los que usted canta, pero sí un poquitín poeta”.

“Tengo un millar de versos compuestos sin publicar”, sigue escribiendo a Juan Ramón. “A veces me he dicho que quemarlos tal vez fuera lo mejor. Soñador, como tantos, pienso ir a Madrid. […] ¿Podrá usted recibirme en casa y leer lo que le lleve? ¿Podría enviarme unas letras diciéndome lo que cree bien?”.

Manuscrito de las ‘Nanas de la cebolla’ de Miguel Hernández.

En otra misiva de 1937, Vicente Aleixandre, que en ese año se recuperaba de un grave problema de salud (“Creí que era ya el principio del fin”, señala), habla a Miguel Hernández de un texto recién terminado sobre Federico García Lorca: “Antes de caer enfermo había escrito una semblanza íntima de Federico […] La he escrito de corazón, como le vi y le amé. Al pensar en él me pensaba, sin querer, a mí mismo, y sobre todo en la segunda mitad, no sé si le retrato a él o es la proyección de mi alma la que va en mis palabras […] Creo que él se reconocería, como creo que le gustaría la imagen que de él doy y esta ha sido la alegría que me ha dado escribirlo”.

A medida que evoluciona la guerra civil, va cambiando también el tono de las cartas que intercambia con Josefina. Enfermo y en la cárcel, sus fuerzas van menguando: “Te he escrito, aunque no por mi mano, porque no podía todos los días”, le dice en 1941. “Es preciso que tanto tú como mi familia veáis la forma de sacarme a un sanatorio. Estoy bastante mejor, pero aquí no me curaré nunca”.

Y al final, los versos y la esperanza chocan con la frialdad del documento de 1942 que describe los pocos objetos que tenía en su poder Miguel Hernández en el momento de fallecer: “1 mono, 2 camisetas, 1 jersey, 1 camisa, 1 calzoncillos, 2 fundas almohada, 1 correa, 1 toalla, 1 servilleta, 2 pañuelos, 1 par de calcetines, 1 manta, 1 cazuela, 1 bote”.

Manuscrito de Antonio Machado con el borrador de uno de sus poemas.

Miguel Hernández no es el único poeta que ‘vive’ en internet. La Fundación Unicaja ha digitalizado una colección de manuscritos de los hermanos Machado que adquirió entre 2003 y 2018 y que ahora también pueden consultarse libremente en internet. Hay numerosos borradores de poemas y obras teatrales, cuadernos con apuntes sobre Literatura, Historia, Lengua Francesa o Aritmética, y también un breve epistolario.

En una de esas cartas, fechada el 30 de septiembre de 1912, Antonio Machado se queja amargamente a Gregorio Martínez Sierra —fundador de la editorial Renacimiento— del poco dinero que se le ofrecía por reeditar ‘Campos de Castilla’: “Ya sé, por indicación del amigo Castillo, que mis libros no son negocio, que la casa Renacimiento para nada necesita mi firma. Esto puede decirse con razón a cada uno de los autores de la casa, incluso a aquel que venda más. Cierto es también que si cada uno de los autores resolviera no aceptar por sus libros cantidades irrisorias, ni los negocios editoriales serían negocio de usurero ni los que viven de su pluma –y no es este mi caso– tendrían por qué morirse de hambre”.

Años después, en 1924, Machado compartía así con José Ortega y Gasset sus impresiones sobre el estado del pensamiento en España: “Leyendo su trabajo ‘Ni Vitalismo ni Racionalismo’ veo cuan hondamente preocupa a usted la ausencia de un pensar riguroso, de una cierta incapacidad —que no es absoluta, puesto que a usted le tenemos— para filosofar. A mí me ha preocupado otra gran ausencia: la de una emotividad lírica, a partir sobre todo de nuestros clásicos. […] La fuente de la emotividad parece agotada, no existe ya un sentir individual (como en los místicos y, a veces, en Lope) único, que puede ser vivo, sino emociones convencionales”.

Federico García Lorca sentado en casa de José María Chacón (1923) junto a uno de los dibujos que le mandó por carta.

El archivo de la Fundación Federico García Lorca no está disponible aún a través de internet, aunque la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes ha publicado una breve selección con poemas, fragmentos de obras de teatro y cartas provenientes de su colección. Por otra parte, la Universidad de Miami sí que ha digitalizado una pequeña serie de documentos relacionados principalmente con la visita del poeta a Cuba en 1930. Los materiales incluyen cartas y postales remitidas por Lorca al diplomático y escritor cubano José María Chacón y Calvo, quien le invitó a visitar la isla a través de la Institución Hispano Cubana de Cultura.

“¡Si vieras qué efecto más raro, más frío, me produce el que me digan Lorca! Yo soy Federico pero no soy Lorca, ¿no lo ves tú así?”, escribe en una de las misivas a Chacón, en la que también confiesa sentirse “traspasado por todas las cosas”. Y añade: “A veces, imagino que tengo una coronita de luciérnagas y que yo soy otra cosa. Creo que nunca seremos puros porque poseemos la cualidad de distinguir y juzgar… pero por más esfuerzos que hago, el viento no quiere darme lección y he de permanecer así hasta que sea viejecito, buscando la cartilla inefable y verdadera de la brisa”.

Otro gran archivo que aún no se ha hecho público son los papeles de Juan Ramón Jiménez que se custodian en la Universidad de Puerto Rico. En 2010 organismos locales y autonómicos de Andalucía realizaron una importante inversión para digitalizar todo el material, entre el que se hallan más de 3.000 cartas y textos inéditos que ofrecen nuevas perspectivas sobre la obra de este poeta. Sólo queda esperar que pronto esté al alcance de todos.

https://www.poetica2puntocero.com/miguel-hernandez-machado-y-lorca-de-su-puno-y-letra-en-internet