Por terminar esta trilogía sobre Francia, aquí os dejo la mejor definición de lo que está pasando no solo en este país, sino en toda Europa y buena parte del mundo. El presidente del Centro Nacional de la Propiedad Forestal (en Francia hay bosques públicos y privados), uno de los pesos pesados de la gran patronal, ha dicho en público algo que es de cajón. Preguntado por las razones de la contestación social que se está produciendo a la política de austeridad y destrucción de lo público, ha respondido con una franqueza que debería ayudar a que los «progres», los papanatas, miedicas y pusilánimes de siempre se suiciden en el acto para evitarnos más bochornos por sus actuaciones y sus impúdicas luchas por los sillones: «concedíamos cosas cuando el Partido Comunista tenía un 20% de representatividad; hoy, cuanto tiene un 5%, no se pueden aplicar las mismas políticas».
¿Lo entendéis? Décadas de renuncias, décadas de abandono de la calle, décadas de componendas con la burguesía han llevado a esto. Con una derecha y una pretendida «izquierda» cada vez más indistiguibles no hay nada que hacer. El empresario francés ha sido brutalmente sincero: la explotación está en la naturaleza del capital y solo cuando se ve obligado por la fuerza -bien sea sindical, laboral, política y/o social- es cuando se aviene a ceder algo.
Ya lo dije en la entrada anterior: el fin de la URSS y la desaparición de ese «campo socialista», que desde el comienzo de la Guerra Fría había sido el principal enemigo del imperialismo, significó la pérdida de aquello que daba profundidad estratégica a los movimientos obreros y comunistas en Occidente, a parte de su propia deriva ideológica. Lo que nadie se para a pensar es que si el comunismo del siglo XX fue parcialmente derrotado -parcialmente, ahí está el caso de China y la soberbia muestra de dignidad de Cuba, por ejemplo-, el capitalismo del siglo XXI ha fracasado por completo.
El estercolero mediático, de aquí y de allá, aprovecha los saqueos a comercios para empañar las causas de la revuelta. Francia está llena de vídeos en los que se ve cómo «manifestantes violentos» regresan a las furgonetas policiales cuando terminan de tirar piedras o de romper escaparates. No es nada nuevo. El sistema francés, Macron, no inventa nada. Lo utiliza y abusa de ello, como de cualquier otro recurso, constitucional o no, legal o no, que le permite silenciar a la ciudadanía. Al mismo tiempo, se presenta la imagen de un país sumido en el fuego y el derramamiento de sangre y se minimizan las manifestaciones pacíficas, cada vez más numerosas (hasta la intervención policial).
Hay que recordar que el Ministro del Interior había prometido el día 6 de octubre «represión sin límites contra los alborotadores». Pero eso no paró la magnífica respuesta de la convocatoria del 17. Porque la realidad de sus vidas trastocadas es innegable: el precio del combustible encabeza la lista, seguido por el de los productos de primera necesidad. Millones de personas se enfrentan a una emergencia absoluta. Simplemente intentan sobrevivir. ¿De verdad importan unos escaparates destrozados? A mí no.
A mí me importa el todo, no una mínima parte. A seis meses de las elecciones es más que improbable que Macron renuncie, como piden los manifestantes. Hay demasiados intereses económicos y políticos en juego. Su marcha sería un alivio para todos aquellos a quienes ha maltratado y oprimido. Sin embargo, el equilibrio de poder en Francia difícilmente cambiaría. Ya se están preparando alternativas desde la «izquierda responsable», es decir, se está elevando a la categoría de «líder de la izquierda» al secretario general del PS… que ha venido apoyando al gobierno de Macron hasta ahora y que no ha tardado ni un segundo en desmarcarse de la «violencia». Esto junto a una mayor desacreditación de La Francia Insumisa, a quien se culpa de estar azuzando las protestas.
Para los papanatas, miedicas y pusilánimes de siempre, de esos de «no violencia», hay que aportar algún que otro conocimiento de historia: la Revolución de 1789, la Comuna de París , la resistencia antinazi… Con ello se les puede añadir algún que otro aporte más: lo que está ocurriendo en Francia -las protestas de estudiantes, tanto jóvenes como adultos, a las que se han sumado profesores, personal sanitario, funcionarios y los «chalecos amarillos», ya curtidos en protestas- es completamente natural. Porque el país ha ido demasiado lejos y sus élites, sencillamente, se han vuelto locas. Como en toda Europa.
Ellos están locos y nosotros, idiotas. La matriz creada por las redes sociales, la cultura de masas y el estercolero mediático ciertamente adormece, pero es incapaz de erradicar por completo la agresión y la crueldad arraigadas tanto en la sociedad como en la mayoría de la gente. Aquí ha habido alguien que ha hablado bien del filósofo de moda de la «izquierda», Byun Tul Han. Pues bien, él habla de la sociedad occidental como una «una sociedad de fatiga». Dejémoslo ahí, por ahora. Puede que por esa «fatiga» los manifestantes de estos días (en París, Rennes, Marsella y Estrasburgo, por lo menos) han cantado la popular canción soviética «Katyusha» con una letra adaptada a apoyar la huelga general. Y como el poder está en manos de locos, y el estercolero mediático en manos de descerebrados, se ha dicho que es una muestra de la «interferencia rusa». No es más que una muestra de desafío a las élites, de desafiarles no solo en las calles sino con todo aquello que les irrita. Como cuando aquí, en el Estado español, se lanzó la consigna de «vota lo que más les duele» cuando Herri Batasuna se presentó a las elecciones al Parlamento Europeo por primera vez. En mi ciudad votamos HB 222 personas y el editorial del periódico local al día siguiente fue «¿222 etarras en…?». HB sacó un representante, así que ayudamos un poquito votando lo que más dolía en ese momento.
Así que mira, a los papanatas, miedicas y pusilánimes les doy una pista de lo que pueden hacer. Si es que encuentran alguien que hoy irrite al poder, por supuesto.
No olvidéis que todo esto se produce porque el gobierno francés ha decidido aumentar el gasto militar para cumplir con sus compromisos con la OTAN, al tiempo que recorta los servicios sociales y congela las pensiones y los salarios mínimos.
La criminalización de La Francia Insumisa es de manual. Es una espina clavada para el sistema, pese a lo modosita que es esta formación política. Pero está a años luz de cualquier similar en el Estado español. Por eso todo lo que estamos viendo estos días va en esa dirección: criminalizar a LFI. Hasta ahora lo más probable es que fuese su principal dirigente, Melenchon, quien se enfrentase a la neonazi La Pen. En la primera vuelta es casi seguro que este será el resultado. Pero lo que veo es que el sistema ya está jugando otra carta, la de la «izquierda responsable» que gane a Melenchon. Aquí entra el PS, como siempre haciendo el juego sucio al capital. Aunque no lo tiene fácil: la última encuesta conocida dice que el 82% de la ciudadanía se muestra «pesimista sobre el futuro para ellos y sus hijos».
Está por ver cómo reacciona la «clase media», ahora en proceso de proletarización, ante la evidente incapacidad de redistribuir, ni siquiera mínimamente, la riqueza cada vez más acaparada por un círculo muy reducido de personas y las «clases altas» que las sustentan. Ahora hay una fuerte presión desde abajo, a la que se está contestando con represión y criminalización. Pero está quedando claro que la única vía no es el voto, sino la rebelión mediante la acción colectiva. No hay organización, unos esperarán a los votos y otros seguirán con las piedras. Eso es lo que diferencia Francia de otros países, que por muy mal que se vean las cosas todavía creen que las cosas se pueden cambiar y que vale la pena luchar por ello. Y que el germen francés se está extendiendo por toda Europa. No es fácil y hay que partir casi de cero, gracias a los «progres», los papanatas, los miedicas y los pusilánimes. Pero hay camino.
Un apunte más: estos movimientos no conducirán a ninguna parte mientras ignoren el cambio histórico en el que se desarrollan y a su principal adversario. El cambio histórico es la pérdida de la hegemonía occidental, el principal adversario es el sistema imperialista y neocolonial en el que vive Occidente. Ambas cuestiones están en el origen del malestar y de las protestas.
El Lince
Publicado por Lynx Pardinus en 9:00 2 comentarios:
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viernes, 16 de octubre de 2026
Lección de francés
Mañana hay convocada en Francia una serie de bloqueos y manifestaciones con las que calentar la convocatoria de huelga general que tendrá lugar el 5 de noviembre en contra de la política gubernamental de recortes y retrocesos en cuestiones sociales. En ella van a confluir estudiantes y obreros. Es lo que en Francia se conoce como «acto V», la quinta convocatoria de una serie de movilizaciones iniciadas por los estudiantes y que se están extendiendo por todo el país.
Por el momento la represión es incapaz de detener estas movilizaciones, así como tampoco han caído en la trampa de aceptar las «sugerencias» del gobierno de pararlas para «escuchar» las razones de la protesta. Demasiado poco, demasiado tarde y demasiada brutalidad para aceptar siquiera una mínima tregua que dé oxígeno a un sistema putrefacto.
El movimiento francés está mostrando una madurez que ya quisieran otras manifestaciones de descontento, como en el caso del Estado español (España, para otras latitudes) por el tema de la vivienda. Aquí se apuesta todo a unas elecciones en las que sigan los mismos que ahora están, fiando en que -por una vez- cumplan sus promesas. En Francia ya no vale con las emociones, ya no vale con el desahogo de la ira, ya no vale con «hacer propaganda para el cambio de políticas», ya no valen las palmaditas en la espalda, ya no valen ni siquiera las amenazas. No. En Francia se va a por todas. En Francia no se habla de «crisis social», como sí se hace en el Estado español, sino de «crisis política». Eso es lo que diferencia un movimiento politizado y otro emotivo.
El desencadenante fue el anuncio gubernamental, como aquí ya se está diciendo, de «esfuerzo y sacrificio» porque «las cuentas no cuadran». Un «esfuerzo y sacrificio» que no saldría de meter mano a los ricos, sino de más destrucción del gasto público y social: subida de la edad de jubilación, recortar más de 100.000 millones de euros en cinco años en el gasto público, cumplir los designios de la caquistocracia de Bruselas de reducir el déficil e introducir todo ello, y más, en la constitución. El gobierno ha venido contando con el apoyo de toda la derecha, la clásica y la otra, la supuesta izquierda representada en este caso por el Partido Socialista. Lo aberrante del caso es que el PS estaba a las puertas de la desaparición, le sacó del pozo la alianza con La Francia Insumisa en el Nuevo Frente Popular y no tardó en romper el NFP para asumir el histórico papel de la socialdemocracia: no asustar al capital y salir siempre en su defensa.
El movimiento en Francia va creciendo y aglutinando a todo el mundo, desde los estudiantes a los obreros y a unos renovados «chalecos amarillos». Tras la desaparición de la URSS, donde estaba la raíz de las conquistas sociales porque el capital tenía que competir con lo que había allá, el neoliberalismo ha ido aprovechando cada momento para destruir todo eso que se ha llamado «estado de bienestar». Eso está llegando a un callejón sin salida. De hecho, se vuelve a la casilla de salida. O complacer a los famosos «mercados» -que son quienes moldean las políticas según sus deseos- o la soberanía del pueblo. La derecha, la clásica y la otra, la pretendida «izquierda», tiene claro que hay que complacer a los mercados (véase lo que ha venido haciendo el PSOE, con la aquiescencia de Sumar, con la vivienda, entre otras cosas). Y contra quienes están en contra de eso y defienden aunque sea de boquilla eso de «progreso social», la policía. En Francia es más que evidente. Aquí, en el Estado español, se está comenzando ver, los jóvenes lo están comenzando a ver, con la represión de las movilizaciones por la enseñanza. En Francia, la policía mutila y arranca ojos. Aquí también se ha hecho, especialmente en Catalunya, aunque no en la misma proporción. Todavía.
En Francia se está dando un interesante debate sobre si se lucha por algo o contra algo, pero lo cierto es que Francia está a años luz del resto de Europa en cuanto a luchas sociales. Por ahora, van a por todas.
Occidente entero ha entrado en una fase de «crisis perpetua» en la que los psicópatas y drogadictos que nos gobiernan se muestran incapaces de cambiar el rumbo. Al contrario, siguen empeorando progresivamente mientras nos entretienen con que la culpa es de los «izquierdistas», de los musulmanes, de los chinos, de los rusos, de los osos polares… Por lo tanto, nos dicen que nos tenemos que meter en la cabeza que solo con librarnos de toda esta gentuza las cosas van a ser maravillosas.
No esperéis oír hablar de las causas sistémicas de todas estas crisis por las que atraviesa Occidente. Ni una palabra de que es el sistema el que está corrompido y el que las genera. Porque no es que la culpa sea de que quienes tienen «dificultades» (neolengua que, también, utilizan los «progres») porque son quienes generan sus propios problemas (como dice el neofascismo en estos momentos en toda Europa), sino que es el propio sistema el que las genera.
Por utilizar esa neolengua que niega la lucha de clases, cuando las personas más privilegiadas de la sociedad buscan obtener influencia política no lo hacen para reducir sus privilegios ni para luchar por los sectores oprimidos y marginados de la sociedad. Lo hacen para reforzar sus privilegios y transferir la carga de la sociedad a los grupos oprimidos y marginados. Porque hay un hecho tan cierto como que hay día y que hay noche: los beneficios de las grandes empresas están batiendo récords, mientras que los impuestos que se recaudan de ellas están disminuyendo.
Por lo tanto, no es de extrañar que las sociedades «cada vez están más polarizadas» y que cualquier salida que no contemple la lucha de clases no es más que una ilusión. Con «salida» me refiero a un punto en el que los ricos se detengan a reflexionar si tienen suficiente y si los pobres tienen demasiado poco. El sistema occidental no permite tal corrección de rumbo, por lo que la única salida es o una revolución o una guerra civil.
O, tal vez, hay una tercera salida: la eliminación de los pobres. Ya lo están diciendo por ahí, como bien recordaba el otro día Hartmann.
La crisis occidental, una de cuyas consecuencias es su pérdida de hegemonía a nivel mundial, no se va a resolver con medidas convencionales ni reformistas.
Esto me lleva de nuevo a Francia. Un mes después del comienzo de las movilizaciones iniciadas por los estudiantes el ministro de Educación ha anunciado la contratación de 3.000 profesores suplentes para cubrir algunas de las plazas vacantes. El curso pasado, aproximadamente el 10 % de las clases no se impartieron debido a la escasez de profesorado. La pregunta es fácil: ¿por qué no se hizo antes? Dinero para privatizaciones, dinero para el país 404, antes conocido como Ucrania, dinero para rearme, dinero para la OTAN… pero no para la educación. Occidente, y Francia es una parte importante, tiene sus prioridades. Y no son la gente.
Es un parche, otro más de los típicos del sistema, un intento de ganar tiempo y desmovilizar. No se ha logrado. A los estudiantes ya se han sumado profesores, universitarios, bomberos y agricultores, junto a un número considerable de obreros. Los sindicatos dicen que van a arropar la convocatoria de mañana.
Un dato para los incautos de siempre, esos que siguen hablando de «valores» y de «democracia» como signo de identificación de Occidente: van ya 8.000 detenidos en estas protestas, 2.700 de ellos ya han pasado por los juzgados y se cuentan por cientos los heridos de una u otra consideración, como manos amputadas por granadas lanzadas por la policía, ojos arrancados por impactos de pelotas de goma y mandíbulas destrozadas por lo mismo. Son cifras que superan a las del famoso «mayo del 68» y a las de la represión a los «chalecos amarillos» de 2019-2020. Cómo será la cosa cuando el propio gobierno ha reconocido 215 estudiantes heridos y 85 profesores. No cabe duda que son más, muchos más porque siempre hay gente que no acude a los centros sanitarios. Junto a ello, 400 institutos y escuelas secundarias están clausuradas administrativamente por considerarlas «activas» en las movilizaciones. Incluso están prohibidas las reuniones en las inmediaciones de estos edificios.
Esto, por cierto, está también comenzando a pasar en la Comunidad de Madrid, con denuncias expresas por participar en la huelga educativa del pasado miércoles.
Como dijo una vez el historiador Eric Hobsbawm al observar el rumbo del mundo tras la desaparición de la URSS y la ofensiva neoliberal que se llevaba por delante las conquistas sociales, «los ojos no pueden estar cerrados todo el tiempo». Salvo que estés muerto, claro. Física y mentalmente.
P.D.- Zambia se suma a los países que comercian con China en yuanes, sin usar el dólar o el euro. Ya son 29 en todo el planeta.
El Lince
Publicado por Lynx Pardinus
